.

El poder de darse valor: la historia de Adriana León.

Este es el testimonio de una emprendedora de nuestro programa MD Micronegocios, quien decidió poner en palabras su proceso, sus miedos y sus logros. A continuación, compartimos su historia tal como fue escrita por ella, respetando su voz, su experiencia y la forma en que ha construido su camino.

 Mi nombre es Adriana Marcela León Sarmiento, soy la creadora de Tajadísimas, un snack de plátano verde de tajada larga, crocante y natural que nació en Zipaquirá.

Antes de iniciar este proceso con mi emprendimiento TAJADÍSIMAS, mi situación, o más bien mi cabeza, estaba llena de dudas, inseguridades y miedos. Sentía que tal vez no tenía el potencial suficiente para llevar mis sueños y mi proyecto muy lejos. En ese momento, mi mente estaba llena de pensamientos, pero casi todos eran negativos: pensaba que nadie iba a comprar mi producto, que era algo muy común y que tal vez nadie lo compraría o confiaría en lo que estaba haciendo. Sentía que tenía el mundo en contra.

Con el tiempo empecé a capacitarme. Mi primer acercamiento fue en UNIMINUTO, donde empecé a asistir a clases, a realizar las tareas y a poner en práctica todo lo que iba aprendiendo. Poco a poco fui entendiendo que uno debe dejarse guiar por el conocimiento y aprovechar todas las herramientas que existen, incluso muchas que son gratuitas y que a veces desconocemos, pero que pueden ayudar muchísimo a mejorar un producto y a convertir un simple emprendimiento en una empresa real.

En medio de este proceso hubo un momento muy importante en mi vida personal que marcó un antes y un después. Fue durante una mentoría con Esmeralda Martínez, quien debía revisar mi Instagram y mi contenido. Para mí ese momento fue muy difícil y vergonzoso, porque sentía que todo estaba mal. Le decía que mi contenido estaba feo, que yo sabía que me faltaba mucho por mejorar.

Ella hizo una pausa y me dijo algo que nunca olvidaré: que no entendía por qué somos tan duros con lo que hacemos, que debíamos aprender a darnos valor. Me dijo que mi contenido era bueno, que mis fotos eran bonitas y que lo estaba haciendo bien.

Desde ese momento, esa frase, como tantas otras, empezó a repetirse constantemente en mi cabeza: “No me voy a dar palo, me voy a dar valor”. Decidí asumir cada reto con responsabilidad y amor por lo que hago. Empecé a reconocer el valor real de mi producto y también el valor de mi trabajo.

 

A partir de ese momento comenzaron a llegar cosas muy lindas a mi vida. Inicié con un solo punto de venta de mi producto y hoy ya cuento con cinco puntos de venta. Gracias a todo lo que he aprendido sobre costos, producción y emprendimiento, he podido transformar mi producto. Le di un nombre, desarrollé su tabla nutricional, obtuve un código de barras y he trabajado en su formalización para que cada día sea un producto más estructurado y preparado para crecer.

Mi meta es que esté listo para comercializarse en grandes superficies y, por qué no, que llegue no solo a nivel nacional sino también internacional.

Agradezco profundamente a Dios y a la Virgen, quienes me han escuchado incluso en los momentos más difíciles, cuando me he derrumbado o cansado, y me han levantado por mi fe; a mis hijos y a mi esposo, que ha sido un apoyo fundamental en este camino: ha creído en mí, me ha acompañado en cada paso, ha trasnochado conmigo y ha luchado sin parar para ayudarme a encontrar soluciones cuando las dificultades aparecen. Además, es parte fundamental de este sueño.

También agradezco a Sebastián Abello, de la Secretaría de Desarrollo de Zipaquirá, quien me mostró las herramientas que ofrecían desde allí, y a mis mentores de UNIMINUTO, quienes me han ayudado a fortalecer mis debilidades y a pensar diferente.

Gracias a todo este aprendizaje, hoy entiendo que el mundo está en constante cambio y que, como emprendedora, debo seguir capacitándome, aprendiendo y adaptándome para poder crecer.

Hoy miro hacia atrás y reconozco todo lo que ha cambiado en mi vida. He aprendido a creer más en mí, a valorar mi trabajo y a entender que los sueños se construyen paso a paso. Uno de los logros que más valoro ha sido el crecimiento que he tenido en redes sociales de manera orgánica. Inicié mi cuenta de Instagram desde cero y hoy cuento con aproximadamente 350 seguidores, pero lo más significativo es que algunas de mis publicaciones han alcanzado más de 6.000 visualizaciones sin pagar pauta publicitaria. En TikTok también he logrado conectar con muchas personas, alcanzando más de 2.000 “me gusta” y videos que superan las 10.000 visualizaciones. Para mí, esto ha sido una señal de que el trabajo constante y auténtico puede generar impacto real.

Pero también he descubierto que uno de mis sueños no es solo hacer crecer mi emprendimiento, sino poder ayudar a otros emprendedores que, como yo al principio, tienen grandes ideas, pero muchas veces no encuentran el camino para hacerlas realidad. Durante este proceso he aprendido mucho, he investigado, he buscado soluciones y he encontrado rutas que al comienzo parecían difíciles.

Por eso me gustaría que, a través de mi experiencia, otros emprendedores puedan encontrar orientación y no se queden en el camino, porque sé que hay muchas personas con ideas maravillosas que solo necesitan una guía para seguir adelante.

 

Sé que mi proceso aún no termina. Todavía tengo cosas por aprender, metas por cumplir y momentos en los que sigo enfrentando mis miedos e inseguridades. Sin embargo, continúo avanzando con fe y perseverancia.

Todo esto me confirma que los sueños sí se pueden construir paso a paso, con trabajo, fe y el apoyo de las personas que creen en nosotros. Y aunque aún queda camino por recorrer, sigo trabajando con la convicción de que lo voy a lograr.

 Adriana Marcela León Sarmiento

Creadora de Tajadísimas

Beneficiaria Programa MD Micronegocios

100 Mil latidos de Micronegocios: por qué tu donación puede transformar miles de historias en Colombia.